RECUERDOS DE JESÚS, mi hermano. (I)

Y cerrarás mis ojos…

que yo no pueda ver que me ves muerto.

No abras la ventana,

que el alba no perciba mi retirada.

Y no avises a mis amigos…

déjalos creer…, y piensen que sigo vivo.

Poema de mi padre, AMANCIO CONTRERAS.

(6 – 6 – 1923 — 5 – 11 – 2011)

El 5 de noviembre de 2011, a mi padre le pusimos virutas sobre su ataúd. El 24 de diciembre de1955, a los pocos minutos de nacer, Amancio me bajó al taller y me bautizó con virutas de las maderas preciosas con las que estaba haciendo las andas de la Virgen de las Angustias, ébano, caoba y palosanto. Era un símbolo.

De xiquet, en las orillas del Júcar valenciano, vio trabajar a un carpintero. Llegó a su casa, una casa aislada en un campo de naranjos del cual mi abuelo era el guarda, y anunció que él quería ser fuster. Siempre quiso ser carpintero, pero su fuerza de voluntad, su espíritu de trabajador incansable y su sensibilidad lo convirtieron en ebanista, y de los buenos. A Amancio, su oficio, le había dado todo, entre otras, clientes que se hicieron amigos y que le guiaron por un mundo donde sus sencillos orígenes no le permitían soñar.

Apenas fue unos meses a la escuela, pero recordaba con cariño a su maestro. Cuando se casó con Magdalena, era ella quien le leía capítulos de El Quijote y él le hacía parar y releer los fragmentos otra vez para quedárselos dentro.

Pronto se encaminó hacia la pintura. Teníamos un vecino que estaba estudiando Bellas Artes, Víctor de la Vega, que luego fue catedrático de dibujo en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca. Víctor bajaba a casa a comer las lentejas o lo que hubiese puesto mi madre para los 4, 5, ó 6 de la casa, tan mal andaba de dinero el pobre. Y, entre cucharada y cucharada, le desvelaba a mi padre un universo de mezclas de colores en su paleta de óleo. No fue el único. Mi hermana la mayor (o sea, yo), los recuerda así:

MIS AMIGOS PINTORES

Mi relación con el arte viene de muy lejos, de cuando era niña.


PEDRO MERCEDES (1921 – 2008)

A Pedro lo he conocido desde siempre y destilaba una gran humanidad detrás de esos ojos claros, grandes, que parecían absorberlo todo.

Pedro no ha sido un pintor a la usanza, era alfarero (nunca le ha gustado el término ceramista). Transformaba con sus manos el barro para crear cacharros inverosímiles, a los que arañaba para plasmar en ellos lienzos volumétricos. El rojo del barro con el negro de las imágenes. Mucho más tarde policromó sus obras.

Muchos recuerdos tengo de él: el día que, de estudiante, le hice una entrevista (dónde estará!!!. Entregué el trabajo y nunca más supe de él). Con toda la cordialidad y modestia contestó a mis preguntas y al final me regaló un torico, de barro claro.

Años más tarde me regaló una perdiz, policromada, preciosa. Como me vió dubitativa ante el cacharro, se fue con mi padre a hablar para que yo eligiese lo que quisiese.

Le entendí, no sé si bien o mal, que por esa pieza le habían dado un premio en París y yo, que siempre he sido muy discreta, no quería que se desprendiese de esa obra.

Me quedé sola requetemirando todo lo que tenía allí, le di la vuelta a todo. La perdiz en cuestión valía 14.000 pts, las otras piezas se le acercaban bastante, de 9 a 11.000. Y liándome la manta a la cabeza fui hacia donde estaban y le dije: Pedro, ya que has tenido el detalle de regalarme esta pieza, te la acepto.

Sonrió y me dijo: Con esta perdiz, el día de mañana te podrás comprar un mercedes. Y me la dedicó con rotulador: Para (XXX) con afecto a tí y a mi Señor amigo tu padre.

No pienso desprenderme de ella en toda mi vida, lo supe en el momento que decidí quedármela, mi hijo después hará lo que quiera . (Años después las perdices, monocromas, las vendía por 350.000 pts.) Yo ya tengo mi MERCEDES

http://www.pedromercedes.com/

 

LORENZO GOÑI (1911 -1922)

 Qué decir de este sordo genial!

Goñi, le llamábamos así, visitaba nuestra casa, la de mis padres, con cierta frecuencia. Incluso tienen algún dibujo.

Lo que más recuerdo es cuando un día, en plena “semanasanta” conquense nos llevó a mi padre y a mí a Arcas a un concierto de música religiosa. Él conducía y en plena ignorancia, propia de la juventud temprana o de la niñez tardía, pensé que estaba loco: ¡conducir e ir a escuchar un concierto estando sordo!

Goñi tenía una sección fija en ABC y tenía oportunidad de ver sus dibujos en casa de una amiga.

En casa este periódico ni aparecía!!

http://www.lorenzogoni.com/

ANTONIO SAURA (1930 – 1998)

A él si que lo recuerdo en la casa familiar y a sus 3 hijas, guapísimas, en la plaza Mayor, pero es que el padre era muy atractivo, incluso con su cojera.

De él, el recuerdo que tengo más nítido es cuando estuvimos en un pueblo, no recuerdo cual, viendo a “Los cómicos del carro”. Un hermano mío actuaba(era yo, en el verano de 1979 y se refiere al pueblo de Villar de Olalla)- y me comentaba aspectos de la obra y de la puesta en escena.

Los del grupo se lo montaron en plan medieval y recorrían los pueblos con un carro y actuaban, las noches de julio y agosto, en las plazas.

http://www.antoniosaura.org/

GUSTAVO TORNER (1925)

Gustavo  junto con Pedro Mercedes son mis favoritos, por los recuerdos que tengo de ellos.

Con Torner y mi padre estuve por primera vez en Madrid, cuando era una niña de 6 años. Recuerdo que llevaba un vestido azul claro, fruncido a la cintura, con un gran lazo y los bolsillos bordados con florecillas blancas. Nos invitó a comer a la terraza de un restaurante y comí vieiras!! Cómo me fascinaban sus conchas!! Creo que, desde entonces he sentido curiosidad por probar lo desconocido y atrayente.
Torner me llamaba “mi profesora de piano” ya que por entonces iba a clases, y… las teclas me venían grandísimas!!!

Yo recuerdo más cosas de Torner. Es ingeniero y su obra lo demuestra. El cariño con el que trataba a mi padre, y a nosotros, se reflejaba en sus brillantes ojillos. El estudio, situado en una casa en la hoz del Júcar me sobrecogía por la cantidad de objetos, raros para mí, que contenía. Su voz suave y pausada… La última vez que lo vi paseábamos Amancio y yo. Pregunto: “y éste, ¿cuál de tus hijos es?  Jesús –respondió mi padre-. Y me retuvo la mano, en un intento de volver a los años de El Carmen y recordarme con 6 u 8 años, cuando, eran frecuentes nuestros encuentros por las calles de la Cuenca vieja.

http://www.espaciotorner.com/

FERNANDO ZÓBEL (1924 – 1984)

La anécdota que recuerdo es  un día de visita al Museo de Arte Abstracto, al ver a Zóbel, corrí al expositor de postales y cogí una “prestada” de una obra suya y se la dí para que me la firmase. Ahora esa postal la tiene mi hermana, me la cogió “prestada”. ¿Ves cómo no se puede ser mala?

Yo no lo recuerdo en casa de mis padres, aunque ellos me aseguran que estuvo en muchas ocasiones.

Una exposición suya en la Casa de Cultura,  Agricultura la llamaba yo porque –decía- allí vamos a cultivarnos, con cuadros del Júcar. Con sus bocetos a lápiz y plumilla, sus notas sobre los tonos que él percibía a las distintas horas del día y sus pruebas de color, me enseñó el trabajo previo tan extraordinario que hay que hacer para plasmar en un lienzo la visión del artista. Aquella frase de que cualquiera puede hacer pintar abstracto murió aquel día y en aquel sitio para mi.

 

http://www.fernandozobel.com/

DIMITRI PERIKIDIS (1922 – 1989)

Era un gigantón y entonces, para nosotros los hermanos, mucho más. A casa venían 2 gigantones, uno americano, Grochen le decíamos (vete a saber cómo se escribía) y el otro griego. El americano nos traía chicles en barra, nosotros conocíamos uno muy dulzón, de fresa, el May que tenía en la envuelta una quiniela cultural, que los chiquilos del barrio nos esforzábamos en contestar.

Grochen nos los traía de color marroncillo claro y verde. No fardábamos ni “ná” delante de la chavalería…

Dimitri era grande, grande… para pasar de un lugar a otro tenía que agacharse cada vez que atravesaba una puerta (Grochen también). Recuerdo a su mujer que era psiquiatra y a sus dos hijos, niño y niña, mellizos, que aunque eran más jóvenes que nosotros, los mayores, nos sacaban la cabeza.
Una noche, llamaron a la puerta y salí a abrir. ¡Me pegué un susto! Eso que pones la vista para ver una persona, digamos de tamaño estandar, ¡pero no! mis ojos se había quedado a la altura de su pechodel ombligo diría yo y aunque subía y subía la vista, no encontraba el final de su cabeza.

El chico se llama Leónidas, lo recuerdo por Leónidas y los espartanos, de la hija no recuerdo el nombre (Denise). Leo es médico pediatra en Torrejón de Ardoz y Denise hace coreografías de danza, teatro y óperas.

En casa de mis padres hay, al menos,  un par de cuadros de Dimitri. Éste es un retrato de Amancio en su taller junto a la sierra, la máquina tan peligrosa que le segó alguna yema de los dedos.

http://www.perdikidis.com/

 

VÍCTOR DE LA VEGA (1928)

La relación con Víctor ha sido muy estrecha. Fuimos vecinos y más tarde, sobre los 10  u 11 años (o quizás antes) me daba clases de dibujo en su casa, junto a Arturo Forriol.

En cierta ocasión me enseñó la imagen de un hombre sentado de frente y me dijo: dibújamelo de perfil.

¡No me salió tan mal!

Sé, por mis padres, que ahora no está muy bien de salud.

No he encontrado en el Google ninguna imagen suyayo sí – , (ya la he incluído, gracias!). Te puedo asegurar que ha sido un hombre muy atractivo, alto, bien formado, al que le sentaron muy bien la aparición y mantenimiento de las canas. 

A mí Víctor me dio clases en Bachillerato. Era catedrático en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca. Era muy serio, pero más por aspecto que por condición. Casualidades de la vida, yo les di clases de matemáticas, bueno, digamos mejor que lo intenté, a sus dos hijos pequeños. Vitejo era su hijo mayor, algo más joven que yo. Su hija Guadi. Vitejo fromó parte también de “Los Cómicos del Carro”, pintando el carro con figuras medievales que parecían salidas de la mano de su padre.

 

La última vez que vi a Víctor fue en una jornada en el triángulo Manriqueño: Castillo de Campo Rus, donde hirieron al poeta Jorge Manrique en 1479, Santa Maria del Campo Rus, donde murió, y Uclés, donde fue enterrado como caballero de la Orden de Santiago. Víctor presentaba su políptico de Jorge Manrique. Iba, como siempre acompañado por su extraordinaria mujer, Guadalupe Almagro.

Inserto el retrato que hizo a mi padre y que se conserva en la casa familiar.

Víctor De la Vega

ÓSCAR PINAR (1927)

Muy cercano a mis padres.

Los domingos, después del fútbol, se reunían Óscar y mi padre en la casa de Pedro Mercedes y hablaban de arte y de pintura.

Institucionalizaron otra tarde para verse y se añadío JULIÁN PACHECO (1937 – 2000) Tras su vuelta del exilio.

Pero es algo que no puedo contar porque yo nunca estuve presente. Sí decir que conocí la obra de Pacheco en una exposición, el año pasado y que me impactó por su crudeza:

 

Recuerdo las copias que de los impresionistas franceses pintó Óscar en el bar La Martina. Le dejaron profunda huella esas pinceladas de Toulouse Lautrec, y Monet principalmente. Mi padre a Óscar, al que le tenía mucho cariño, le llamaba “el pillín”. Una foto de Amancio sirvió para portada del catálogo de varias exposiciones de Óscar Pinar.

 SEGUNDO MANZANÉ (1930)

¡Ya se me olvidaba!. Segundo tenía la carrera de Bellas Artes, bueno, o la tiene y fue director del museo de Arte Moderno de la Segurada (Alicante).
Hace siglos que no sé nada de él. De las últimas veces que lo vi fue en el taller de mi padre, subida en una altísima ventana, entonces más, sentada en una silla y posando para él. Hizo un cuadro grande, muy grande y yo, mi imagen, como protagonista.

Dijo que el cuadro era para presentarlo en una exposición y que cuando terminase me lo regalaría. El caso es que nunca más supe del cuadro, y la verdad es que a mi padre también le dió vergüenza recordárselo.  Recuerdo perfectamente el cuadro: Tú, con una enagua blanca, sentada en una silla junto al ventanal que daba al reloj de la torre de Mangana. No, ese cuadro me lo hizo papá, lo tengo yo. Manzané me retrató en el ventanal derecho del taller en el que estaban las prensas. Aquí:

Ese viejo edificio de la placeta del Carmen que fue convento, Escuela Normal de Magisterio, cuartel… y no sé cuántas cosas más antes de convertirse en casa de vecinos, propiedad de Catalá, médico.

Aquí se rodó El hermano bastardo de Dios con la familia Rabal, casi, al completo.

Así que más de 10 días posando para nada, porque ni un caramelillo me dio. Vete a saber dónde estará ahora, si decorando una habitación, si en un museo o… acaso en un trastero arrinconado y olvidado.
¡¡¡Segundo, dame mi cuadro !!!

 

Podría haber hecho una entrada sobre la historia y obras de estos pintores, no descarto hacerla algún día, pero he preferido hacerla así, ya sabes, son maysonadas, mis experiencias y mi forma de ver la vida…
Otro día hablaré de mi padre y de su constante empeño de superación y como nos inculcó el gusto por la música clásica, la pintura, la fotografía y la literatura.

Como la entrada es muy larga prefiero presentarla en dos partes. La 2ª es más de piel, más íntima, más de Jesús.

El post de MIS AMIGOS PINTORES  ya la publiqué en el 2008 en spaces.live, hoy wordpress y posteriormente en blogspot.

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6 respuestas a RECUERDOS DE JESÚS, mi hermano. (I)

  1. Mª Mercè dijo:

    May, te mando un fortísimo abrazo…

    Emotiva entrada recordando quienes estuvieron por tu casa mientras tú y tus hermanos crecíaís.

  2. Mónica Frau dijo:

    Quien ha tenido el privilegio de crecer en semejante ambiente no puede sino llevar dentro gran parte de esas “virutas” que fueron labrando su vida con arte y encanto.
    Muy emotivo post.
    Te dejo un abrazo.

  3. maysonyo dijo:

    Gustavo TORNER propuso asociarse a Amancio, mi padre, diseñanando muebles y lámparas para el mercado estadounidense, quizás a través de Grochen, el gigantón americano, que por aquel entonces era ingeniero de Barajas, posiblemente por alguna ampliación.
    Mi padre no aceptó. Decía que necesitaba el contacto directo con el cliente. Yo creo que, además de eso, era porque no le interesaba una empresa mercantil a gran escala.

  4. Carmen dijo:

    Me ha encantado todo lo que explicas en esta entrada. He disfrutado mucho leyéndola y he alucinado con tus experiencias

  5. Jesús CC dijo:

    Cuando la descolonización de Guinea Ecuatorial, un cliente y amigo, no diré aquí su nombre, le propuso un negocio muy rentable: le daba a Amancio una licencia de importación de 30 m³ de maderas preciosas, ébano…, y luego se traía 3000 m³ o lo que fuese. Irían a medias; el cliente firmaba la licencia -estaba en el equipo de descolonización- y nuestro padre ponía la inversión inicial. Era un negocio para forrarse. Pera a Amancio no le gustó nunca ese tipo de negocios. Cobraba caros sus muebles, pero nunca engañó a nadie: eran muebles de madera maciza. Se negó al negocio y a que nosotros, sus hijos, tuviésemos una vida más cómoda. Estamos muy orgullosos de aquella decisión de Amancio porque nos enseñó que más vale un duro con esfuerzo que mil haciendo trampas.

  6. maysonyo dijo:

    Sé quien es, Jesús. Precisamente, en una de las visitas a la casa familiar, el matrimonio estuvo acompañado por un joven guineano con nombre de rey mago. Me regalaron una pulsera de pelo de elefante con un elefantito de marfil. Sí, una de las muchas cosas que debemos agradecer a nuestro padre es el habernos enseñado a ser honrados.

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