RECUERDOS DE JESÚS, mi hermano. (II)

Amancio, mi padre, deja la pintura temporalmente porque, perfeccionista como era, estando trabajando en su taller de los bajos de la plaza del Carmen, como se le ocurriese cómo mejorar una luz, un volumen o cualquier detalle del último cuadro que estuviese pintando, se escapaba los tres tramos de escalera que le separaban de casa y cogía  paleta y pinceles, y daba una pincelada aquí, un brochazo allá hasta quedar satisfecho. Esto no se lo podía permitir su estricta disciplina de trabajador con ya 5 hijos que alimentar, y, con hondo pesar, colgó por unos años su caja de óleos, aunque siempre tuvo a mano algún lienzo para volver a pintar.

Toda esta gente (mencionada en la 1ª parte) se movía por nuestra humilde casa de la plaza del Carmen, bajo la mirada de la Torre de Mangana.


 Pero había más gente importante. El secretario general de la Dirección General de Prensa, Manuel Camacho y de Ciria, que había sido Director General de Música con el ministro De la Cierva.

  Y Emilio Sánchez Pintado, hombre de López Rodó, de los “LOpus”, el de los planes de desarrollo, al que en 1971 se le concedió la Encomienda con placa del Orden Imperial del Yugo y las Flechas -toma ya!. De Sánchez Pintado y su mujer tenemos los hermanos numerosas anécdotas, como el odio de su mujer, inglesa, hacia todo lo alemán, desde que había sufrido los bombardeos en la 2ª guerra mundial. Y los objetos con los que obsequiaban a mi padre. Cuando muera Sánchez Pintado contaré alguna indiscreción de la política de los años 75 y posteriores.

Y otra persona importantísima fue un conquense que trabajaba en Madrid, le recuerdo en el Readers Digest: era David Ortega y su mujer Piluca. Y el doctor Félix Serrano Muñoz, eminente cirujano que trabajó muchos años en la Clínica de la Concepción y abrió a mi padre la posibilidad de trabajar para muchos compañeros suyos de la medicina aquí en Madrid.
Amancio tenía una fuerte personalidad pero era muy tímido. Por eso, cuando venía a Madrid a tomar medidas para hacer los muebles, comprar maderas en la calle Ponzano, pieles en Baranda, en Atocha, lámparas en Argüelles, lámparas Caballero, telas en tapicerías Serrano, barnices, pinturas…, siempre nos traía a uno de sus hijos, sobre todo los tres mayores, pero sobre todo a mí. Recuerdo que estábamos en casa de un profesor de Universidad, cuyo nombre lamento no recordar, el día en que asesinaron en la DGT a Enrique Ruano: el nerviosismo de la hija mayor de la casa, las llamadas por teléfono…

Mi padre siempre fue un hombre de izquierdas que tuvo que esconder sus ideales mucho tiempo, porque la gente que podía pagar sus trabajos no era precisamente de nuestra cuerda. Recordaba con orgullo que vendía ejemplares de “Mundo Obrero” durante la guerra, que a él le pilló muy joven. Admiró a su hermano Camilo, que se fue voluntario con los comunistas y que se libró al acabar la guerra gracias a los oficios de un cura buen amigo de la familia.  Y se hizo militar, bueno, músico militar.
Volviendo a los amigos de Amancio, recordaré toda mi vida como Manuel Camacho y su mujer le propusieron a mi padre el que me dejase con ellos -no tenían hijos- y que se encargarían de mi educación. Evidentemente mis padres no aceptaron tan generosa oferta (¡Qué sería ahora de mí!)

En el año 1962, unos días después de morir el abuelo Isidoro, su padre, le tocó  todo un Renault Gordini a Magdalena, así siempre lo hemos dicho en casa: el coche le tocó a mi madre. El trabajo le iba estupendamente y llegó a tener en el taller a Ángel Velasco y Félix Melero como oficiales, a Santiago como ayudante y hasta 2 ó 3 aprendices. Amancio siempre tuvo a gala ser el ebanista que mejor pagaba a sus operarios.

Pero nos cambiamos a vivir al parque de San Julián, una vivienda nueva donde uno de los promotores era el poeta Federico Muelas. Los vecinos eran hombres de estudios, médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, veterinarios… Mi padre había comprado además un ático que quería usar como estudio. Pero se enteró que no lo podía escriturar porque excedía el volumen aprobado en la construcción.

Por supuesto que habló con los promotores, constructores, arquitecto, que era vecino, que trataron de convencerlo que eso era normal, que no iba a pasar nada, que todo estaba hablado con quien tuviese que ser. Pero Amancio no se dejó convencer y devolvió el estudio.

A partir de ahí todo fueron zancadillas y trampas para hacernos la vida imposible. No éramos ni de su clase social ni de su secta, casi todos eran del Opus Dei. Así que en el año 73 no fuimos a la que sería su última casa, al parque de los Moralejos.

Durante muchos años nosotros poníamos en la dirección que vivíamos Edificio Júcar porque, mirad la fecha, no se le ocurrió al alcalde otra cosa que llamar a la calle Carrero Blanco. Menos mal que se le cambió por otra más adecuada, calle de Fernando Zóbel. Pero antes de conseguir “expulsarnos” del Parque de San Julián nº 4, 6º B, lograron que mi padre “regalase”, con hondo pesar de nuestros corazones, el mobiliario principal para la Iglesia de San Francisco porque, otra vez el arquitecto del Opus y otros vecinos, había regalado su proyecto a la iglesia y ahora le tocaba a mi padre materializarlo. Nunca mejor dicho lo de materializar porque había que regalar no sólo el trabajo, sino también las maderas y el resto de materiales. Yo, está claro, no les tengo mucho cariño a estos vecinos del Parque.

Mi padre ha conseguido la admiración y, lo que es más, la amistad de gentes de edades muy diversas. Adolfo G. de la Iglesia fue alumno mío allá por el año 76.
En el año 80 Amancio, Magdalena, Rosa y yo hicimos un viaje, la ruta de los poetas lo llamó. Se casaba mi prima Jesu en Córdoba y hacia allí fuimos, pero pasando por Alicante. La prisión donde murió Miguel Hernández y el cementerio, donde mi padre hizo su ofrenda. Y Orihuela. Luego a Granada, la finca de la Huerta de San Vicente, la calle Ángulo, donde habían vivido los Rosales y, por último, los campos entre Víznar y Alfácar, la fuente grande, donde Federico pasó sus últimas horas. ¡Cómo admiraba Amancio a Miguel Hernández, pero más a Federico porque, siendo rico, había querido mejorar la vida de los humildes!
En una ocasión, varios amigos hicieron una audición de “la casa de Bernarda Alba”. Alguno de ellos –yo sé bien quién fue, al acabar el último disco, dijo: “Ahora entendemos mejor por qué matamos a este cabrón”. Mi padre no dijo palabra, pero se le quedó en el alma clavada la puta frase para siempre.

Con Amancio hemos hecho, en nuestra casa del parque de San Julián, miles de fotografías, aprendiendo las técnicas del revelado y positivado hasta llegar a hacer fotografías de 2 x 2 metros en las madrugadas de los domingos para que la luz no velase los rollos de papel fotográfico.

Y he añorado largos años las excursiones a Chillarón, a 11 km de Cuenca, cuando volvíamos Choni,Amancio hijo y yo con la cara negra de la carbonilla del tren. Íbamos andando y volvíamos en los vagones de tercera. ¡Qué ricos estaban los bocadillos de escabeche que nos preparaba Magdalena! Y a la Cueva del Fraile, a la Cueva de la Zarza, a los cerros para sacar fotografías de su querida Cuenca desde todos los rincones y todas las horas. Él fue el primero en hacer la foto del “retablo conquense” desde el cerro donde se ve la Catedral, San Miguel, y las callejuelas aledañas.
Siempre buscaba mejorar lo realizado. Por eso repetía sus escritos aún después de publicados, puliendo el léxico, intentando ser más preciso.
Como trabajador autónomo no tuvo, hasta muy tarde, Seguridad Social.

Desde que, en el año 88, fue operado de corazón en el Hospital de La Princesa, guardó siempre una tremenda gratitud hacia la generosidad de todos los que aportan, con sus impuestos, los fondos necesarios para que, hoy en día, todos tengamos acceso a una sanidad pública, gratuita y de calidad. Era, la Seguridad Social, el milagro más grande jamás logrado.


Le había gustado mucho la polémica, pero en sus últimos años, los que vivió como una prórroga, intentaba pacificar las discusiones, aunque  fuesen políticas, tema que le entusiasmaba desde que dejó de trabajar y pudo expresarse abiertamente. (En una ocasión Vicente, su amigo taxista con el que hemos hecho incontables viajes a Madrid, le dijo: Ten cuidadoAmancio, que algunos que se llaman amigos tuyos no lo son tanto. He oído a Axxx y a Cxxx como hablaban mal de ti, por ser de izquierdas)
Así es Cuenca, la ciudad en la vivió desde los 8 años y que nunca dejó de enamorarlo.

Cuando en la fría y lluviosa tarde del pasado día 5, iba esparciendo las virutas sobre su ataúd, pensaba en todo el mundo que él fue capaz de abrirnos cuando éramos unos niños: la pintura -el día en que nos enseñó “el entierro del Conde de Orgaz”-, la literatura, ¿os acordáis de aquellas ediciones carísimas de las obras completas de diversos autores de Ed. Aguilar, con letra minúscula y ese papel tan fino que parecía que se rasgaría a cada instante? Y no faltaban en su discoteca obras de teatro, o poemas, o “Platero y yo”, recitado por Rafael de Penagos. Y los domingos que nos llevaba a su cama y nos ponía música clásica, y nos explicaba, como si fuese un cicerone, lo que se veía a través de la música.

Este es mi pequeño homenaje paraAmancio, un hombre grande y humilde en el trato con los demás, que me enseñó la importancia del trabajo en el día a día. También que el que quiere enseñar, debe estar dispuesto siempre a aprender. Y también me enseñó a apreciar y respetar a los maestros, es decir, a todos aquellos que te enseñan, mayores o chicos, pero a elegir a los maestros.

Jesús Contreras Castellano

noviembre de 2011

Añado, a continuación, un enlace de El Día de Cuenca, de amigos que también quisieron despedirse de él.

(Páginas 14 y 15)

http://issuu.com/eldiadigital/docs/cuenca19112011/1

Anuncios
Publicado en Sin categoría | 10 comentarios

RECUERDOS DE JESÚS, mi hermano. (I)

Y cerrarás mis ojos…

que yo no pueda ver que me ves muerto.

No abras la ventana,

que el alba no perciba mi retirada.

Y no avises a mis amigos…

déjalos creer…, y piensen que sigo vivo.

Poema de mi padre, AMANCIO CONTRERAS.

(6 – 6 – 1923 — 5 – 11 – 2011)

El 5 de noviembre de 2011, a mi padre le pusimos virutas sobre su ataúd. El 24 de diciembre de1955, a los pocos minutos de nacer, Amancio me bajó al taller y me bautizó con virutas de las maderas preciosas con las que estaba haciendo las andas de la Virgen de las Angustias, ébano, caoba y palosanto. Era un símbolo.

De xiquet, en las orillas del Júcar valenciano, vio trabajar a un carpintero. Llegó a su casa, una casa aislada en un campo de naranjos del cual mi abuelo era el guarda, y anunció que él quería ser fuster. Siempre quiso ser carpintero, pero su fuerza de voluntad, su espíritu de trabajador incansable y su sensibilidad lo convirtieron en ebanista, y de los buenos. A Amancio, su oficio, le había dado todo, entre otras, clientes que se hicieron amigos y que le guiaron por un mundo donde sus sencillos orígenes no le permitían soñar.

Apenas fue unos meses a la escuela, pero recordaba con cariño a su maestro. Cuando se casó con Magdalena, era ella quien le leía capítulos de El Quijote y él le hacía parar y releer los fragmentos otra vez para quedárselos dentro.

Pronto se encaminó hacia la pintura. Teníamos un vecino que estaba estudiando Bellas Artes, Víctor de la Vega, que luego fue catedrático de dibujo en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca. Víctor bajaba a casa a comer las lentejas o lo que hubiese puesto mi madre para los 4, 5, ó 6 de la casa, tan mal andaba de dinero el pobre. Y, entre cucharada y cucharada, le desvelaba a mi padre un universo de mezclas de colores en su paleta de óleo. No fue el único. Mi hermana la mayor (o sea, yo), los recuerda así:

MIS AMIGOS PINTORES

Mi relación con el arte viene de muy lejos, de cuando era niña.


PEDRO MERCEDES (1921 – 2008)

A Pedro lo he conocido desde siempre y destilaba una gran humanidad detrás de esos ojos claros, grandes, que parecían absorberlo todo.

Pedro no ha sido un pintor a la usanza, era alfarero (nunca le ha gustado el término ceramista). Transformaba con sus manos el barro para crear cacharros inverosímiles, a los que arañaba para plasmar en ellos lienzos volumétricos. El rojo del barro con el negro de las imágenes. Mucho más tarde policromó sus obras.

Muchos recuerdos tengo de él: el día que, de estudiante, le hice una entrevista (dónde estará!!!. Entregué el trabajo y nunca más supe de él). Con toda la cordialidad y modestia contestó a mis preguntas y al final me regaló un torico, de barro claro.

Años más tarde me regaló una perdiz, policromada, preciosa. Como me vió dubitativa ante el cacharro, se fue con mi padre a hablar para que yo eligiese lo que quisiese.

Le entendí, no sé si bien o mal, que por esa pieza le habían dado un premio en París y yo, que siempre he sido muy discreta, no quería que se desprendiese de esa obra.

Me quedé sola requetemirando todo lo que tenía allí, le di la vuelta a todo. La perdiz en cuestión valía 14.000 pts, las otras piezas se le acercaban bastante, de 9 a 11.000. Y liándome la manta a la cabeza fui hacia donde estaban y le dije: Pedro, ya que has tenido el detalle de regalarme esta pieza, te la acepto.

Sonrió y me dijo: Con esta perdiz, el día de mañana te podrás comprar un mercedes. Y me la dedicó con rotulador: Para (XXX) con afecto a tí y a mi Señor amigo tu padre.

No pienso desprenderme de ella en toda mi vida, lo supe en el momento que decidí quedármela, mi hijo después hará lo que quiera . (Años después las perdices, monocromas, las vendía por 350.000 pts.) Yo ya tengo mi MERCEDES

http://www.pedromercedes.com/

 

LORENZO GOÑI (1911 -1922)

 Qué decir de este sordo genial!

Goñi, le llamábamos así, visitaba nuestra casa, la de mis padres, con cierta frecuencia. Incluso tienen algún dibujo.

Lo que más recuerdo es cuando un día, en plena “semanasanta” conquense nos llevó a mi padre y a mí a Arcas a un concierto de música religiosa. Él conducía y en plena ignorancia, propia de la juventud temprana o de la niñez tardía, pensé que estaba loco: ¡conducir e ir a escuchar un concierto estando sordo!

Goñi tenía una sección fija en ABC y tenía oportunidad de ver sus dibujos en casa de una amiga.

En casa este periódico ni aparecía!!

http://www.lorenzogoni.com/

ANTONIO SAURA (1930 – 1998)

A él si que lo recuerdo en la casa familiar y a sus 3 hijas, guapísimas, en la plaza Mayor, pero es que el padre era muy atractivo, incluso con su cojera.

De él, el recuerdo que tengo más nítido es cuando estuvimos en un pueblo, no recuerdo cual, viendo a “Los cómicos del carro”. Un hermano mío actuaba(era yo, en el verano de 1979 y se refiere al pueblo de Villar de Olalla)- y me comentaba aspectos de la obra y de la puesta en escena.

Los del grupo se lo montaron en plan medieval y recorrían los pueblos con un carro y actuaban, las noches de julio y agosto, en las plazas.

http://www.antoniosaura.org/

GUSTAVO TORNER (1925)

Gustavo  junto con Pedro Mercedes son mis favoritos, por los recuerdos que tengo de ellos.

Con Torner y mi padre estuve por primera vez en Madrid, cuando era una niña de 6 años. Recuerdo que llevaba un vestido azul claro, fruncido a la cintura, con un gran lazo y los bolsillos bordados con florecillas blancas. Nos invitó a comer a la terraza de un restaurante y comí vieiras!! Cómo me fascinaban sus conchas!! Creo que, desde entonces he sentido curiosidad por probar lo desconocido y atrayente.
Torner me llamaba “mi profesora de piano” ya que por entonces iba a clases, y… las teclas me venían grandísimas!!!

Yo recuerdo más cosas de Torner. Es ingeniero y su obra lo demuestra. El cariño con el que trataba a mi padre, y a nosotros, se reflejaba en sus brillantes ojillos. El estudio, situado en una casa en la hoz del Júcar me sobrecogía por la cantidad de objetos, raros para mí, que contenía. Su voz suave y pausada… La última vez que lo vi paseábamos Amancio y yo. Pregunto: “y éste, ¿cuál de tus hijos es?  Jesús –respondió mi padre-. Y me retuvo la mano, en un intento de volver a los años de El Carmen y recordarme con 6 u 8 años, cuando, eran frecuentes nuestros encuentros por las calles de la Cuenca vieja.

http://www.espaciotorner.com/

FERNANDO ZÓBEL (1924 – 1984)

La anécdota que recuerdo es  un día de visita al Museo de Arte Abstracto, al ver a Zóbel, corrí al expositor de postales y cogí una “prestada” de una obra suya y se la dí para que me la firmase. Ahora esa postal la tiene mi hermana, me la cogió “prestada”. ¿Ves cómo no se puede ser mala?

Yo no lo recuerdo en casa de mis padres, aunque ellos me aseguran que estuvo en muchas ocasiones.

Una exposición suya en la Casa de Cultura,  Agricultura la llamaba yo porque –decía- allí vamos a cultivarnos, con cuadros del Júcar. Con sus bocetos a lápiz y plumilla, sus notas sobre los tonos que él percibía a las distintas horas del día y sus pruebas de color, me enseñó el trabajo previo tan extraordinario que hay que hacer para plasmar en un lienzo la visión del artista. Aquella frase de que cualquiera puede hacer pintar abstracto murió aquel día y en aquel sitio para mi.

 

http://www.fernandozobel.com/

DIMITRI PERIKIDIS (1922 – 1989)

Era un gigantón y entonces, para nosotros los hermanos, mucho más. A casa venían 2 gigantones, uno americano, Grochen le decíamos (vete a saber cómo se escribía) y el otro griego. El americano nos traía chicles en barra, nosotros conocíamos uno muy dulzón, de fresa, el May que tenía en la envuelta una quiniela cultural, que los chiquilos del barrio nos esforzábamos en contestar.

Grochen nos los traía de color marroncillo claro y verde. No fardábamos ni “ná” delante de la chavalería…

Dimitri era grande, grande… para pasar de un lugar a otro tenía que agacharse cada vez que atravesaba una puerta (Grochen también). Recuerdo a su mujer que era psiquiatra y a sus dos hijos, niño y niña, mellizos, que aunque eran más jóvenes que nosotros, los mayores, nos sacaban la cabeza.
Una noche, llamaron a la puerta y salí a abrir. ¡Me pegué un susto! Eso que pones la vista para ver una persona, digamos de tamaño estandar, ¡pero no! mis ojos se había quedado a la altura de su pechodel ombligo diría yo y aunque subía y subía la vista, no encontraba el final de su cabeza.

El chico se llama Leónidas, lo recuerdo por Leónidas y los espartanos, de la hija no recuerdo el nombre (Denise). Leo es médico pediatra en Torrejón de Ardoz y Denise hace coreografías de danza, teatro y óperas.

En casa de mis padres hay, al menos,  un par de cuadros de Dimitri. Éste es un retrato de Amancio en su taller junto a la sierra, la máquina tan peligrosa que le segó alguna yema de los dedos.

http://www.perdikidis.com/

 

VÍCTOR DE LA VEGA (1928)

La relación con Víctor ha sido muy estrecha. Fuimos vecinos y más tarde, sobre los 10  u 11 años (o quizás antes) me daba clases de dibujo en su casa, junto a Arturo Forriol.

En cierta ocasión me enseñó la imagen de un hombre sentado de frente y me dijo: dibújamelo de perfil.

¡No me salió tan mal!

Sé, por mis padres, que ahora no está muy bien de salud.

No he encontrado en el Google ninguna imagen suyayo sí – , (ya la he incluído, gracias!). Te puedo asegurar que ha sido un hombre muy atractivo, alto, bien formado, al que le sentaron muy bien la aparición y mantenimiento de las canas. 

A mí Víctor me dio clases en Bachillerato. Era catedrático en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca. Era muy serio, pero más por aspecto que por condición. Casualidades de la vida, yo les di clases de matemáticas, bueno, digamos mejor que lo intenté, a sus dos hijos pequeños. Vitejo era su hijo mayor, algo más joven que yo. Su hija Guadi. Vitejo fromó parte también de “Los Cómicos del Carro”, pintando el carro con figuras medievales que parecían salidas de la mano de su padre.

 

La última vez que vi a Víctor fue en una jornada en el triángulo Manriqueño: Castillo de Campo Rus, donde hirieron al poeta Jorge Manrique en 1479, Santa Maria del Campo Rus, donde murió, y Uclés, donde fue enterrado como caballero de la Orden de Santiago. Víctor presentaba su políptico de Jorge Manrique. Iba, como siempre acompañado por su extraordinaria mujer, Guadalupe Almagro.

Inserto el retrato que hizo a mi padre y que se conserva en la casa familiar.

Víctor De la Vega

ÓSCAR PINAR (1927)

Muy cercano a mis padres.

Los domingos, después del fútbol, se reunían Óscar y mi padre en la casa de Pedro Mercedes y hablaban de arte y de pintura.

Institucionalizaron otra tarde para verse y se añadío JULIÁN PACHECO (1937 – 2000) Tras su vuelta del exilio.

Pero es algo que no puedo contar porque yo nunca estuve presente. Sí decir que conocí la obra de Pacheco en una exposición, el año pasado y que me impactó por su crudeza:

 

Recuerdo las copias que de los impresionistas franceses pintó Óscar en el bar La Martina. Le dejaron profunda huella esas pinceladas de Toulouse Lautrec, y Monet principalmente. Mi padre a Óscar, al que le tenía mucho cariño, le llamaba “el pillín”. Una foto de Amancio sirvió para portada del catálogo de varias exposiciones de Óscar Pinar.

 SEGUNDO MANZANÉ (1930)

¡Ya se me olvidaba!. Segundo tenía la carrera de Bellas Artes, bueno, o la tiene y fue director del museo de Arte Moderno de la Segurada (Alicante).
Hace siglos que no sé nada de él. De las últimas veces que lo vi fue en el taller de mi padre, subida en una altísima ventana, entonces más, sentada en una silla y posando para él. Hizo un cuadro grande, muy grande y yo, mi imagen, como protagonista.

Dijo que el cuadro era para presentarlo en una exposición y que cuando terminase me lo regalaría. El caso es que nunca más supe del cuadro, y la verdad es que a mi padre también le dió vergüenza recordárselo.  Recuerdo perfectamente el cuadro: Tú, con una enagua blanca, sentada en una silla junto al ventanal que daba al reloj de la torre de Mangana. No, ese cuadro me lo hizo papá, lo tengo yo. Manzané me retrató en el ventanal derecho del taller en el que estaban las prensas. Aquí:

Ese viejo edificio de la placeta del Carmen que fue convento, Escuela Normal de Magisterio, cuartel… y no sé cuántas cosas más antes de convertirse en casa de vecinos, propiedad de Catalá, médico.

Aquí se rodó El hermano bastardo de Dios con la familia Rabal, casi, al completo.

Así que más de 10 días posando para nada, porque ni un caramelillo me dio. Vete a saber dónde estará ahora, si decorando una habitación, si en un museo o… acaso en un trastero arrinconado y olvidado.
¡¡¡Segundo, dame mi cuadro !!!

 

Podría haber hecho una entrada sobre la historia y obras de estos pintores, no descarto hacerla algún día, pero he preferido hacerla así, ya sabes, son maysonadas, mis experiencias y mi forma de ver la vida…
Otro día hablaré de mi padre y de su constante empeño de superación y como nos inculcó el gusto por la música clásica, la pintura, la fotografía y la literatura.

Como la entrada es muy larga prefiero presentarla en dos partes. La 2ª es más de piel, más íntima, más de Jesús.

El post de MIS AMIGOS PINTORES  ya la publiqué en el 2008 en spaces.live, hoy wordpress y posteriormente en blogspot.

Publicado en Sin categoría | 6 comentarios

DESCANSA EN PAZ, PAPÁ

El sábado 5 de noviembre, como un cruel hachazo, se nos fue mi padre.

Son muchos los recuerdos que se agolpan.  Muchas las experiencias vividas. Muchos los encuentros; algún desencuentro también.

Permanecerás, papá, en nuestro recuerdo y en el de aquel que te conoció y reconoció. 

(6 – 6- 1923 _ 5 – 11 – 2011)

http://issuu.com/eldiadigital/docs/cuenca06112011/1

LOCAL – Falleció Amancio Contreras, gran amigo y maestro para muchos.

Fallece Amancio Contreras Muñoz, cartelista de la Semana Santa de Cuenca

http://www.elblogdecuencavila.com/?p=1447


Publicado en Sin categoría | 6 comentarios

PELITOS, CANALLA y PIRULO

PELITOS era más listo que el hambre.

Olga, mi hermana, lo llevó a casa de mis padres. Lo había encontrado debajo de un coche. Era chiquitín, chiquitín y parecía un ovillo de lana marrón, blanco, amarillo y negro.

Cuando notó que mi padre se acercaba al salón, lo deposito sobre un sofá y se alejó. Todos estábamos expectantes…

El perrillo, sabiendo quizás lo que se jugaba, empezó a dar volteretas. eso es lo que ganó, definitivamente, a mi padre. sonrió, lo cogió en sus manos y le dedicó unas cariñosas palabras al tiempo que lo acariciaba. En ese momento supimos que Pelitos compartiría nuestras vidas.

Era

  • Anticlerical. Cada vez que veía a un cura con sotana, le seguía y le ladraba. Incluso ladró a Agustín González, en su papel de cura en El hermano bastardo de Dios. su voz sale en la película.
  • Señorito. Esperaba, al pié del ascensor a que algún vecino lo subiera.
  • Anárquico.Le gustaba ir a su aire. En época de celo de las perras, desaparecía algunos días. Siempre volvía, en ocasiones con heridas propiciadas por otros machos, seguramente con más envergadura que él.
  • Fiel. Mi padre, los sábados por la mañana los dedicaba a resolver asuntos de bancos. Pelitos solía ir en su busca. No en pocas ocasiones, los empleados le decían que ya se había pasado el perro “preguntando” por él.
  • Sucio. Cuanto más limpio lo teníamos más le agradaba revolcarse en lugares sucísimos. Llegaba a casa oliendo horriblemente.
  • Cívico. Siempre cruzaba por los pasos de peatones.

¿Anécdotas?

Un montón.

En una ocasión, como tantas, llegó al taller de mi padre. Llamó su atención hasta el punto que mi padre se agachó a su lado. Pelitos depositó, con sumo mimo, un pajarillo vivo que había transportado en su boca.

La terraza era el territorio de Pino, la tortuga.
A Pelitos le encantaba mirar a la calle a través de las macetas.
Cuando Pino se daba cuenta de su presencia, cogía una velocidad pasmosa e iba lanzada para morderle las patas. Pelitos siempre se retiraba mansamente, aceptando su intrusión.

Otra. Una tarde oí que golpeaba la puerta. Le abrí.
Al cabo de unos minutos empezó a ladrarme insistentemente al tiempo que entraba y salía del salón.  Me levanté tras él. Me condujo hasta la puerta del cuarto de baño. Le abrí sin entender nada.
¡De un salto se metió en la bañera!
Corrí hasta su cacharro del agua. Efectivamente, estaba vacío.
Fue su forma de avisarme de que tenía sed.

¿Era listo Pelitos, sí o sí?
Pasó el tiempo y Pelitos fue creciendo; los demás también…
Murió en los brazos de mi padre un día que una furgoneta lo atropelló. Él siempre dice que el conductor fue adrede a por el perro.

Pelitos fue el protagonista de un cuento y unos cuadros que realizó mi padre.

CANALLA:

Su verdadero nombre era Canalla Veneno, se lo pusieron mis sobrinos.
Mi madre, cuando lo llamaba en público, le decía Bobbi. ¡Le daba una vergüenza llamarle Canalla!

Era un perro precioso, elegante, fino… pero tontucio. No tenía la chispa de Pelitos.

Ana, mi otra hermana, lo llevó a casa para llenar el hueco que había dejado el otro perrillo. Tenía su pedigrí, bueno, sus padres que eran campeones; pero un día el perro se escapó y cubrió a la madre. De esos amores locos nacería Canalla.

Vivió plácidamente en amor y compañía. Seguramente mis hermanos recordarán anécdotas . Yo poco más puedo decir.

Raúl llegó un día con un perrillo color canela, tan pequeño que cabía en un bolsillo. Lo dejó con el pretexto de volver a por él. Su idea era que mis padres se encontraran acompañados.

Mi madre protestó. Que si pelos por la casa, que si obligaciones diarias para sacarlo… Sea como fuere, PIRULO quedó en casa.

¡Éste si que era señorito! bueno, más que señorito, mahometano. No comía nada de cerdo, ni jamón. No es que le echasen jamón…, más bien las sobras. Los guisados de mi madre sí que le gustaban y el pienso.

Pirulo era el perro que más celebraba mis idas a casa de mis padres. ¡Pegaba unos brincos de miedo!
Le gustaba ponerse patas arriba y restregar su lomo en mis pies. En ocasiones, sentada en el sofá, se me acercaba, y ponía su cabeza sobre mis piernas para que se la acariciase. Si dejaba de hacerlo, metía su cabeza entre mis piernas y mi brazo para sentirme cerca. Podía estar así una hora; sin moverse.
En la mesa, subía sus patas delanteras en un brazo del sillón y así se quedaba hasta que terminaba.

Cuánto me quiso Pirulo. Pirulo, perro feo con corazón de azúcar.

El otro día me llamó mi madre. A Pirulo se le escapaba la vida. Estaba ya muy mal.

Mi hermano Raúl lo llevó al veterinario para que pusiese fin a su sufrimiento.

Si, como dice Juan Ramón Jiménez, hay un cielo para los burros donde a buen seguro estará retozando Platero, también habrá un paraíso para los perros donde Pelitos, Canalla y Pirulo jugarán entre nubes de colores.

 

Publicado en Sin categoría | 8 comentarios

EL CLUB DE LAS ESPOSAS SUMISAS


Qué título, ¿verdad?

Pues sí.
En el país más cacareado en el que cualquiera puede llegar a la presidencia del estado…
En ese país en el que sigue existiendo la pena capital…
En ese mismo en que parte de la juventud lleva una chapita con la inscripcion I´m virgin, como los Jonas Brothers…
Pues ahí, es donde se está dando una corriente peligrosamente machista en la que mujeres casadas pregonan que son esposas obedientes al esposo (????????).
Y ellas tan contentas, oiga.

La artífice de tan peligroso involucionismo es Laura Doyle y el libro donde desgrana las excelencias del “sin ti no soy nada” es The surrendered wife.

Me río del fundamentalismo islámico.

Una perlita (hay muchas más):

Muy interesante, y como la otra cara de la moneda, es una campaña que se está llevando en Facebook Planeta mujer y cuyos principios son:

Como mamá no educo ni machos ni sumisas.
Nunca llamaré puta a otra mujer.
Nadie podrá convencerme, en la calentura, de no usar condón.
Si veo telenovelas lo haré como entretenimiento no como modelo a seguir.
No haré sola el trabajo del hogar, y eso no me hace ser mala mujer.
No aceptaré ganar menos que él por las mismas responsabilidades.
Trabajaré para no depender económicamente de alguien.
No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra.
Nadie, ni siquiera mi pareja, tocará mi cuerpo si no quiero.
Nunca arriesgaré mi salud por alcanzar un estereotipo de belleza.
No aguantaré a ningún hombre sólo para que mis hijos tengan un padre.
Jamás me embarazaré por tener a un hombre a mi lado.
Tengo la responsabilidad de luchar por los derechos de la mujer.
No aceptaré que me digan que hago lo que hago porque me está bajando.
No cambiaré mi apellido por el de alguien más. No le pertenezco a nadie.
Mi libertad no se termina cuando me uno a alguien.
Nadie podrá juzgarme por el número de personas con las que me acuesto.
Mis orgasmos son mi responsabilidad.
Las mujeres quedadas no existen, yo decido casarme o no.
Dejar de trabajar por cuidar a los niños será una elección, no una presión.
Le exigiré a la política que trabaje por la mujer.
Nadie podrá juzgarme por ser madre soltera.
No me dará miedo ni vergüenza si me gustan las mujeres.
No me impondré ninguna represión ni moral ni sexual.
No aceptaré que algún trabajo o estudio sólo lo pueden hacer los hombres.
Nunca me traicionaré dejando de ser quien soy.
Mis conversaciones no girarán sólo en torno al hogar o a la familia.
Nunca me quedaré callada si algo no me gusta.
Mi estado de ánimo no dependerá de nadie.
Me saldré de la relación antes de llegar a los golpes.

¡Vivan las mujeres insumisas!

Publicado en Sin categoría | 12 comentarios

Me pre-voy…


Vaya, vaya, vaya, vaya…

 

Ayer recibí una carta del Ministerio de Economía  y Hacienda, sobre y papel reciclado, donde se me comunica que…

…El día 31 de agosto me echan del instituto a escobazos!!!!!!

 

Yupy!!!!!!!!!

Publicado en Sin categoría | 11 comentarios

LA LECHE AMERICANA

Hace muchos años, cuando había escuelas de niños y escuelas de niñas; cuando las niñas pasábamos las tardes cosiendo velos o bolsas de pan, mientras una rezaba el rosario y las demás contestábamos…

Cuando a la entrada a clase dábamos vueltas cantando himnos patrios. (Años después aprendería la Internacional, L´estaca y otras canciones consideradas subversivas) 

Cuando llevábamos las rodillas peladas de tanto jugar en la calle…

Cuando nos entreteníamos, en las noches, oyendo Matilde, Perico y Periquín

En aquella época, negra, pobre, en las escuelas de España, cada mañana, se repetía un ritual:

La maestra, (doña Emilia, doña Juliana, doña Concha, doña Rosa, doña Patro) encendía la estufa, esas estufas negras que en ocasiones las pintábamos de color plateado, y ponía un pote encima para que el agua se calentase.

A la hora del recreo hacíamos una fila y nos vertía leche tibia, la leche americana.

Llevábamos, envuelta en un papel de estraza, un poquito de azúcar, y en los últimos años, colacao.

No recuerdo ni el cacharro que llevaba para beberla ni siquiera si portaba cucharilla. Sí que cuando estuve con doña Concha, la leche me producía granos en la cara. Mi madre fue a hablar con ella. Doña Concha no transigió, siguió dándome leche.

Hoy sé que tengo intolerancia a la lactosa. No puedo guardar ningún rencor a mi maestra. Algunas niñas era la única leche que tomaban; ella no tenía por qué saber que a casa venía el Chano cada mañana con sus medidas de “cuartillo” vendiendo la leche de sus vacas. Mi madre la hervía en el cueceleches y la dejaba subir tres veces. luego la colaba, dejando la espesa nata en el colador. Cada día nos tocaba a uno de nosotros rebañarlo, le echábamos azúcar y la comíamos. ¡Qué rica!

Volviendo a la leche americana… era en polvo, claro, venía en unos contenedores cilíndricos, de cartón marrón claro, con unas anillas de aluminio.  

Durante mucho tiempo hemos pensado que la leche era uno de los acuerdos de los americanos por instalar sus bases en España.

Anoche, oyendo Hora 25, me enteré de eso de los americanos… tararí que te vi. Fue UNICEF quien, como siempre hace, acudió en ayuda de los niños y niñas de España.

En sus 50 años de existencia

GRACIAS, UNICEF

 

Publicado en Sin categoría | 14 comentarios